
© Juanca Romero Hasmen
Mírate. Sí, tú. Deja de mirar la pantalla un segundo y echa un vistazo a tu alrededor. ¿Qué ves? Probablemente veas las mismas cuatro paredes que cada vez te cuesta más pagar, la factura de la luz que temes abrir y esa sensación, instalada en el pecho como una losa, de que mañana será un poco más difícil que hoy. Te levantas, trabajas (si tienes suerte), pagas y callas. Y mientras tú haces malabarismos para no caer por el precipicio de la pobreza, ellos brindan.
Porque esto ya no es política, esto es un saqueo organizado.
Vivimos en un país que huele a cerrado, a putrefacción moral. Me revuelve las tripas ver cómo nos gobiernan. No son estadistas, son una banda. Tenemos un Ejecutivo que ha convertido las instituciones en su cortijo privado, un desfile grotesco de chorizos que meten la mano en la caja con una sonrisa cínica, convencidos de su impunidad.
Y lo peor no es el robo, es la hipocresía. Se llenan la boca con discursos de igualdad y progreso, pero rascas un poco la pintura y aparece el óxido: puteros que negocian el futuro de la nación entre sábanas de seda pagadas con tu dinero, acosadores protegidos por el silencio cómplice del partido y misóginos de manual que se disfrazan de aliados el 8 de marzo. Nos mean encima y nos dicen que es lluvia progresista.
Pero no creas que tienes escapatoria. Si giras la cabeza buscando una salida, buscando una alternativa, te topas con el vacío más absoluto.

Ahí está la oposición, encabezada por un hombre que no es más que una sombra, un Feijóo gris, insípido, un burócrata del desastre. ¿De verdad ese hombre, lleno de complejos, incapaz de hilvanar un discurso que no suene a naftalina, es la esperanza? Es un títere. Un muñeco de trapo cuyos hilos mueven otros desde la oscuridad, un líder sin liderazgo que tiembla cada vez que tiene que tomar una decisión real. No tiene talla, ni coraje, ni proyecto. Solo tiene miedo.
Y en medio de este fuego cruzado de incompetencia y maldad, estás tú y estoy yo.
Estamos nosotros. Una población sumida en la incertidumbre, caminando sonámbula hacia el matadero. Nos han robado hasta la capacidad de soñar con un futuro digno. La pobreza ya no es una amenaza lejana; es el vecino del quinto, es tu hermano, eres tú el mes que viene si se te rompe el coche o te suben el alquiler.
Escribo esto para que te duela. Para que cuando veas sus caras en la televisión, sonrientes, bien vestidos y ajenos a tu miseria, recuerdes que ellos son los arquitectos de tu ruina.
El gobierno se pudre en su corrupción y vicios; la oposición se ahoga en su irrelevancia y cobardía. Y nosotros… nosotros seguimos pagando la fiesta. ¿Hasta cuándo vamos a seguir poniendo la otra mejilla?