Un halo de misterio envuelve al Cristo del Rescate, una de las imágenes más antiguas y veneradas que reposan en la penumbra de la Iglesia de la Concepción en San Cristóbal de La Laguna. Sus orígenes se pierden en el tiempo (1558), sin embargo, una leyenda susurra a través de las generaciones, intentando desvelar el enigma de su nombre.

Se cuenta que corría el año 1661 cuando el destino de la sagrada figura pendía de un hilo. Fue ofrecida en venta para poder financiar la creación de un nuevo retablo en el templo. Por aquellos días una humilde mujer, vecina de la zona, residente de la Calle Empedrada, experimentó un escalofriante llamado. En la tranquilidad de su hogar escuchó una súplica desgarradora que salía del interior del templo… «Rescátame, rescátame».

Impulsada por una fe inquebrantable, esta mujer vendió su modesta vivienda, invirtiendo hasta el último real en un acto de devoción tan inexplicable como poderoso: la recompra del Cristo para que se quedara en la Iglesia de La Concepción lagunera.
Así, la imagen hoy la conocemos con el nombre de “Cristo del Rescate», dejando atrás otros nombres con los que había contado, como Cristo de la Antigua, Cristo de la Buena Muerte o Cristo del Buen viaje.

El Cristo del Rescate permanece en su altar, una figura imponente rodeada de un aura de misterio. Su mirada parece guardar secretos centenarios, invitando a los fieles y curiosos a contemplar no solo una imagen de fe, sino también un enigma tallado en madera y bañado en leyenda.

𝘾𝙍𝙄𝙎𝙏𝙊 𝘿𝙀𝙇 𝙍𝙀𝙎𝘾𝘼𝙏𝙀 (𝙎𝙖𝙣 𝘾𝙧𝙞𝙨𝙩𝙤́𝙗𝙖𝙡 𝙙𝙚 𝙇𝙖 𝙇𝙖𝙜𝙪𝙣𝙖)
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