La gran yincana lagunera

Paseo por las descuidadas y patrimoniales calles laguneras

 

13 de mayo, 2022 © Juanca Romero Hasmen

Corría el año 1588 de Nuestro Señor, cuando el reconocido ingeniero italiano Leonardo Torriani realizó su conocido primer plano de La Laguna, suelo en forma de lienzo que tiempo atrás los guanches habían utilizado para el pastoreo. Aquel plano que también muestro entre las líneas de este artículo, supuso un eterno dibujo de la que por entonces ya se tornaba como el germen de una gran ciudad, punto de inflexión del casco histórico que hoy en día podemos disfrutar cuando callejeamos entre sus numerosas casonas y los cada vez más escasos adoquines de hechura irregular.

Por aquellos días eran carretas y carretones los que dejaban su impronta por la Herradores, San Agustín y la Obispo Rey Redondo, ejes vertebradores entre la parte alta y la Villa de Abajo. Entre los ciudadanos, paseantes de pocos frívolos destinos, muchos que soñaban con una ciudad idílica, un tablero en el que la vida fuese más cómoda, más placentera. Y así, el paso de los años y los siglos han ido moldeando los contornos de La Laguna, escenario de centenarias piedras con olor a musgo y humedad.

Hoy, el ‘Plano Torriani’ se ha convertido en una bonita estampa que con la misma constancia del calendario, se va desdibujando con la complicidad de la torpeza gubernamental. Pasear hoy por algunas calles del casco histórico se convierte en un insano ejercicio de antiestética y llamativo paisaje de vallas y precintos municipales. Nuestras patrimoniales calles están repletas de obstáculos impuestos por la desidia y el ‘todo vale’, una auténtica yincana en la que disfrutar de nuestras fachadas se convierte en un imposible. Me decía hace muchos años un concejal de Coalición Canaria en el Ayuntamiento de La Laguna, que «hay casas que no son históricas, que no supone un problema tirarlas abajo». Aquel analfabeto edil lo que me estaba diciendo mientras yo le entrevistaba para una emisora de radio, es que “si matas a un jovencito por no ser viejo, nunca llegaría a serlo”. ¿Son esas las miras de nuestros gobernantes municipales?, pues parece que el tiempo no ha cambiado las mañanas ni la capacidad intelectual de muchos.

Plano Torriani, siglo XVI

Y así nos plantamos en la calle San Agustín, considerada una de las más bonitas de España. Al llegar allí nos encontramos los adoquines levantados en muchos de sus tramos, auténticas aberraciones y parcheados en los cruces entre calles. Frente a nosotros, un bello horizonte de coloridas vallas “tapa vergüenzas”, de esas que brotan cual hongo culero por diferentes zonas de la ciudad. Y es que en nuestra ciudad si se cae una piedra de una cornisa, precinto y valla que te pego hasta que los años acumulen roña en las oxidadas bases protectoras. Resulta triste escuchar a los laguneros hablar en estos términos: «Aquí cuando ponen una valla pueden pasar años y años hasta que lo arreglan».

No les falta razón a quienes afirman que en La Laguna el actual Gobierno Municipal está más preocupado por salir favorecido en la publi-foto, que en solucionar con mucha efectividad y poco populismo los problemas de los ciudadanos. Los laguneros nos sentimos orgullosos de las calles que pisamos, de su pasado, de sus historias. Verlas parcheadas con piche y cemento mientras sorteamos los impuestos obstáculos, simplemente da mucha tristeza y vergüenza. Observar a los turistas fotografiando esos detalles no creo que sea la mejor postal de la visita a una ciudad Patrimonio de la Unesco. Tampoco lo es pasearse por las calles del casco y no encontrarse bancos donde poder sentarse, donde disfrutar de la Historia escrita en mayúsculas. El visitante se asombra al ver como una de las ciudades Patrimonio Histórico de la Humanidad no tiene bancos donde sentarse, ni un mínimo de estética para afrontar los contratiempos y obras que se les presenta a quienes nos gobiernan. Pero que nadie se preocupe, siempre nos quedará poder pasear por la estridente y pintorreada calle Heraclio Sánchez, pero no lo haga mirando al suelo porque dicen las malas lenguas que el efecto que produce es lo más parecido que hay al consumo de opiáceos.

Bienvenidos a la gran yincana de la desidia, bienvenidos a las calles del casco antiguo de la hermosa a pesar de todo, ciudad de La Laguna.