Barrio Nuevo bajo el halo del miedo

Narco okupas y delincuencia se hacen cada día más fuerte en una de las zonas con más población de San Cristóbal de La Laguna

Utilizar paños calientes para según qué temas, además de inapropiado puede llegar a ser insultante. Todo lo que está ligado a la inseguridad ciudadana, salud pública y pobreza, debe ser tratado con especial sensibilidad por parte de los responsables públicos. Cuando un ciudadano se siente inseguro en sus calles, plazas y barrios, queda en evidencia que algo está fallando en el sistema, que los valores de la convivencia están siendo escavados desde sus propios cimientos.

Un caso verdaderamente sangrante es el que está ocurriendo desde hace algunos años en el populoso y trabajador Barrio Nuevo de La Laguna. Ubicado al sureste del casco municipal, es un barrio de población principalmente obrera y estudiantil. Junto con La Verdellada y El timple, conforman uno de los núcleos con más densidad de población del municipio, y por lo estratégico de su situación, también es una zona codiciada por quienes buscan casa o piso para establecer su vivienda. La tranquilidad de sus vecinos, uno de los sellos de identidad de la zona, se ha visto alterada de un tiempo a esta parte, viéndose acentuada la situación desde hace un par de años en los que la sensación de inseguridad se ha hecho fuerte entre los vecinos, consiguiendo en muchos casos que no salgan a la calle dependiendo de la hora y/o momento del día.

Un barrio para okupas

Desde hace ya algunos años el ecosistema visual de las diferentes calles de Barrio Nuevo está sembrado de casas que han sido literalmente asaltada, profanadas por aquellos/as que en su mayoría, y arrastrados por la necesidad económica, se veían obligados a meterse ilegalmente en una propiedad ajena que por lo general permanecía cerrada y vacía. Esas viviendas, perfectamente localizadas por los vecinos del barrio, eran incluso motivo de atenciones por muchos que se acercaban a ofrecer comida y ayuda a quienes la había ocupado como consecuencia de la plaga de la pobreza extrema. Pero esa realidad ha mutado de forma casi repentina y virulenta, encontrándonos actualmente con unas cuarenta propiedades habitadas por personas de otro perfil que muy poco tiene que ver con la pobreza.

En los últimos dos años el fenómeno okupa se ha multiplicado exponencialmente en Barrio Nuevo, y como consecuencia de este descontrol, también han aumentado los actos delictivos y la sensación de inseguridad vecinal. El perfil de los okupas ha dado un giro radical, pasando de ser personas con graves carencias económicas, al de delincuentes ideológicos. Basta con ver como visten muchos de ellos (firmas conocidas) o las importantes compras que realizan en grandes superficies, descubrimos que la motivación que les ha llevado a delinquir está ligada a conceptos marxistas-leninistas distorsionados: “Una casa vacía es propiedad del pueblo”, “Lo del pueblo es del pueblo”… Y así, en medio de este escenario, nos encontramos con un barrio sumido en el miedo y la tristeza, viendo sus vecinos como los valores por los que han luchado toda su vida se ven violados por grupos de neo-progres, por ideólogos de la estupidez supina. Se han detectado casos de okupas ideológicos que utilizando métodos amenazantes y violentos, han sacado de estas viviendas a quienes las estaban ocupando por necesidad económica, echándolos sin miramientos ni tener en cuenta a niños y personas mayores que vivían allí. El perfil del okupa que se ha extendido en Barrio Nuevo es el de un criminal, el de un demostrado consumidor y trapichero de estupefacientes y en otros casos practicantes del proxenetismo.

Me consta que desde la AA.VV. Barrio Nuevo-Viña Nava, como órgano de máxima representación vecinal de la zona, la preocupación es máxima. En infinidad de ocasiones se han puesto en contacto con el responsable de seguridad en el Ayuntamiento de La Laguna, así como su actual alcalde, obteniendo la desidia por su parte; “No hay policías locales suficientes”, “…esto es cosa de la Policía Nacional”, etc. ¿Cómo es posible que un municipio como San Cristóbal de La Laguna tenga una única patrulla en horario nocturno para abarcar a 160.000 habitantes? ¿Cómo un municipio de este nivel se puede permitir que una comisaría cierre algunas noches porque no tiene personal disponible para atenderla? ¿Cómo es posible que un equipo de gobierno municipal no sea capaz de llegar a acuerdos con su propia policía?

Los problemas de Barrio Nuevo motivan un consejo de zona - El Día
Una de las zonas de encuentro de jóvenes para el consumo de alcohol en Barrio Nuevo (Fotografía El Día)

Retomando el asunto de los okupas en este encantador barrio, podemos señalar algunas de las casas asaltadas como “puntos neurálgicos” de la delincuencia de la zona. Además de la conocida casa ocupa junto a la  Plaza Domingo Cruz Cabrera, foco de ruidos y sospechosas entradas y salidas, descubrimos en la calle El Drago, esquina con Viña Nava, el que ya se le conoce como “Hotel Okupa”, aunque podría llamarse sin riesgo de exageración, el “Edificio Sin Ley”. Al igual que ocurría en sórdidos y peligrosos edificios como la afamada Pensión Padrón en Santa Cruz, en el nº 18 de la calle El Drago nos encontramos con una amplia propiedad en la que se desconoce que ocurre verdaderamente en su interior, y en la que ha quedado demostrado que la delincuencia se ha hecho fuerte. Este edificio, en penoso estado estructural, está habitado por un incierto número de okupas que se han hecho fuerte entre sus muros. Aquí entran y salen todo tipo de personas y personajes, en medio de griteríos que se pueden escuchar desde las calles colindantes. ¿De verdad no se puede acabar con un foco delictivo como este? Basta con pasearse por esa misma calle y las adyacentes para descubrir que otras casas han corrido la misma suerte, en medio del terror que sienten los vecinos de la zona, con una edad avanzada en su mayoría.

Un barrio inseguro en una ciudad insegura

El alcalde de La Laguna, Luis Yeray Gutiérrez, declaraba hace unos días en la cadena COPE lo siguiente: “No voy a permitir que se hable de inseguridad o de brutalidad en La Laguna”. ¿Qué usted no va a permitir qué? ¿Está diciendo en un medio de comunicación que no permite que los ciudadanos se expresen y compartan sus miedos y temores, que denuncien lo que están viviendo en sus calles?

Guste o no guste, la ciudad de La Laguna de un tiempo a esta parte se ha convertido en una ciudad insegura, en la que pasear por la calle Herradores o La Carrera puede ser encantador, pero desde que te sales a la 6 de diciembre o Pintor Cristino de Vera descubres un universo paralelo en el que la foto no siempre es tan bonita. Cuando te paseas por la trasera del mercado, recorres la Avenida de San Diego o caminas por la Avenida de La Trinidad, no es difícil darse cuenta de que ya no se puede salir tranquilo a la calle, y da igual la hora del día en la que lo hagas. En Barrio Nuevo que es el motivo principal de este texto, es raro el día en el que no haya peleas en sus calles, o en el que nos encontremos grupos de jóvenes trapicheando entre los árboles del descuidado Parque del Drago. ¡Hay delincuencia y un problema de seguridad!

Sin ir más lejos, el pasado 12 de octubre una de las puertas laterales de la parroquia de Barrio Nuevo fue quemada intencionadamente durante la madrugada. Este no ha sido un hecho aislado. La semana anterior a este atentado contra la parroquia, un grupo de jóvenes magrebíes fueron sorprendidos por los vecinos cuando intentaban romper y quemar la cruz que preside la plazoleta de acceso al templo. Con actitud extremadamente violenta y profiriendo gritos, amenazaron con meterle fuego a la cruz. ¿Es posible controlar la seguridad de un municipio con un Ayuntamiento peleado con su policía local? ¿Se puede garantizar la seguridad de los ciudadanos con una patrulla y cuatro agentes durante la noche? Los vecinos están sumidos en un clima de inseguridad y miedo, siendo víctimas de robos, amenazas y la posibilidad de que un día que vayan a comprar al supermercado, al regresar le hayan ocupado la casa como ya le ocurrió hace un tiempo a una vecina. ¿Y nos dice el alcalde que no va a permitir que se hable de inseguridad en La Laguna? ¡Pues vaya! Echo en falta un selfie alcaldicio con los vecinos enfadados, con aquellos a los que les han ocupado la casa o han sido víctima de un robo. No todos los selfies deben ser en una calle recién ‘empichada’, junto a unos contenedores rosa o en las puertas de un teatro. A veces ponerse las botas y acercarse a los problemas reales de los ciudadanos hace que los cargos públicos cobren sentido.

Puerta incendiada en la parroquia de Barrio Nuevo

Barrio Nuevo y los daños colaterales del cuadrilátero

En las últimas semanas el descontrol de los botellones, peleas y robos en la zona conocida como el cuadrilátero han convertido a La Laguna en una ciudad patrimonio del descontrol y la golfería. Como lagunero me apena hablar con estos términos de mi municipio, pero hay monas que por mucho que las pintes de guapa, siguen siendo monas. La ciudad cuando llegan los fines de semana se convierte en un polo de atracción para un sector de la juventud que hacen prevalecer su poca educación, nulo civismo y alta capacidad para delinquir y saltarse las normas de convivencia. Gran parte de estos jóvenes aparcan sus vehículos en las zonas limítrofes del cuadrilátero, entre las que se encuentra Barrio Nuevo y La Verdellada.

Viernes y sábados, desde las 22/23 horas, la marabunta de jóvenes es continua. Dejan los coches aparcados en las calles de estos barrios, comenzando a beber allí mismo como paso previo a su noche de diversión en las zonas de ocio lagunero. El problema se acentúa cuando llegan las horas de cierre de los locales, y totalmente borrachos y empastillados muchos de ellos/as, inician el camino de vuelta hasta el lugar en el que tiene los vehículos aparcados. Gritos y peleas, unos meando en las puertas y esquinas de las viviendas, otros/as incluso defecando en las aceras y junto a los contenedores de basura y vidrio… Estas zonas, de siempre tranquilas en horario de madrugada, actualmente son un foco de enfrentamiento entre la chusma que no sabe divertirse, y los vecinos que merecen poder descansar tranquilamente en sus casas.

De esto no hay ‘foto oficial’. Esta imagen, también real del municipio, no es bonita de mostrar. La situación es grave, pero resulta mucho más grave que haya responsables públicos que miren para otro lado y que cuando un vecino llama para denunciar, reciba como respuesta: “No tenemos medios para poder atender su denuncia”.