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EL SÍNDROME DEL AUTÓCRATA

Las pequeñas empresas españolas pueden presumir de tener un pésimo sistema de comunicación

 

2019 © Juanca Romero Hasmen –  Formador y consultor en Comunicación, Oratoria y Gestión del Talento

Es innegable que las pequeñas y medianas empresas españolas forman parte del gran tejido social de primer orden o de influencia directa sobre el consumidor. Desde la pequeña panadería del barrio o el carpintero a domicilio, hasta los supermercados o restaurantes que abastecen y ofrecen servicios al consumidor de la localidad. Difícil se hace encontrar una familia en la que no haya un trabajador autónomo o un mediano empresario, que durante las cenas navideñas no saque a relucir lo mal que están las cosas para el sector de las pymes.

A nadie se le escapa que la recesión económica sufrida en los últimos años y que todavía hoy en día sigue sacudiendo con cierta indiferencia, ha reventado literalmente el siempre complejo ecosistema en el que la pequeña y mediana empresa desarrolla su actividad. Si al consumidor del primer escalón no le llega el sueldo para comprar 4 panes diarios, optará por comprar 3. Si  al trabajador medio no le alcanza para ir aunque sea una vez al mes al cine, optará por ver películas en casa, y así un interminable etcétera.

Podemos decir que el lamento continuo por parte de los pequeños empresarios está más que justificado, y que no hay consuelo suficiente para animar a estos valientes a que sigan adelante frente a los huracanes económicos que arrasan a las hormiguitas, mientras soplan a favor de los grandes emporios y organizaciones macroeconómicas.

Pero las lloronas solo ganan dinero en entierros y misas de duelo. Lamentarse de forma sistemática y sin dar opción a las nuevas posibilidades, es simplemente el guión de los pesimistas y malos empresarios. ¿Existe la autocrítica?, la respuesta es no.

Cuando la estructura falla

La línea de flotación de las pymes se arma en todo aquello que ocurre en el seno de la empresa, de puertas hacia adentro. La tendencia habitual pasa por culpar de los errores a los demás; el gobierno es el culpable, las grandes multinacionales son las culpables, la competencia es la culpable… ¿Ejercita el pequeño empresario y/o autónomo la sana virtud de la autocrítica?

Uno de los grandes problemas con los que se encuentra la pequeña empresa de puertas hacia adentro es la escasa o nula comunicación. Por regla general se impone lo que hace unos años acuñé como el “síndrome del autócrata”, en el que la empresa se estructura de forma cónica, pero con dos hemisferios casi herméticos. Conozcamos brevemente algunos de los principales rasgos que caracterizan este síndrome empresarial, y que recordemos, se refiere a la comunicación interna.

Una empresa que padece el “síndrome del autócrata” es aquella en la que no existe la comunicación, entendida como la autopista en el que los mensajes fluyen en todas las direcciones, sin trazar ejes verticales y horizontales. Lo que la empresa necesita exponer, se hace por decreto, por imposición del responsable de la empresa o su equipo más próximo.

 Debemos aprender que la comunicación efectiva se establece cuando gestionamos lo poco que sabemos con lo mucho que escuchamos

Sirva como ejemplo una pequeña empresa, entre 3 y 6 empleados, en la que el órgano de dirección está en manos de una unidad familiar (madre e hijo por ejemplo). En este supuesto de empresa se detecta que la comunicación entre el órgano directivo y el resto de empleados está prostituida, llegando el mensaje truncado, distorsionado o simplemente no llega al resto de los componentes de la empresa. Las decisiones se cimientan en lazos familiares, y en las que no se contempla la interrelación con los empleados que no tienen lazos sanguíneos. Esa alarmante falta de comunicación interna provoca que los empleados no sientan la empresa como suya, y recelen sobre el equilibrio que debe existir entre volumen de trabajo, sueldos y capacidad de mando de sus jefes.

La empresa con “síndrome del autócrata” está en manos de nefastos gestores, y me atrevo a decir sin ningún tipo de duda, que también está en manos de muy malas personas. Todos hemos conocido o trabajado en pequeñas empresas en las que el propietario sienta en una mesa de despacho a un familiar por el simple hecho de serlo, sin importar sus méritos académicos y formativos, y su capacidad para gestionar de forma eficiente la estructura del talento humano de los trabajadores. De este modo podemos encontrar a auténticos tiranos imponiendo métodos de trabajo para los que no está preparado. La comunicación interna de este tipo de empresas está literalmente en el corredor carcelario, paso previo a la muerte y cierre definitivo de sus puertas.

Empresas en las que destinan cantidades ingentes de dinero para presumir de página web, alto número de seguidores en las Redes Sociales y bonitas entrevistas y reportajes en la prensa. Pymes preocupadas por la comunicación exterior cuando carecen de comunicación interior.

Le hago una pregunta: ¿Compraría usted un hermoso y frondoso árbol si el vendedor le dice que en realidad su interior está lleno de depredadores bichos comedores de madera?

 

 

En una próxima ocasión dedicaré un artículo a la identidad digital en las pymes y como se venden las pequeñas empresas en el escaparate digital.

 

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