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INTROSPECCIÓN Y REFLEXIÓN: CREANDO LOS PILARES PARA LOCALIZAR NUESTRO TALENTO

© Juanca Romero Hasmen

Extraído del libro “Con Talento Puedes” (Editorial Cursiva, 2016)

Estamos viviendo en un mundo exigente con lo que aparentamos ser, mostrándonos muchas veces como una burda imitación de lo que en esencia somos. La moda, la televisión, el Internet, los estereotipos provenientes de la gran pantalla… ¿Somos verdaderamente felices pasando por la vida siendo lo que no somos o adulterando nuestra propia verdad? Es importante tener la capacidad para mirar dentro de uno mismo y desde la sinceridad, admitir qué es lo que nos hace felices y qué no. La introspección muestra la capacidad que tiene la persona para evadirse de su entorno, para centrarse en sí misma, y de esa experiencia continuada, sacar claves positivas que le beneficien en su vida diaria. ¿Has escuchado eso de “quiero estar a solas conmigo mismo”?, pues por ahí van los tiros. No sólo es necesario mimar y pulir las relaciones con los demás, también hay que trabajar en conceptos como la confianza, la autoestima, las virtudes, ganando seguridad en uno mismo y afianzando lo que somos desde el interior.

Por supuesto que no es una tarea sencilla, al menos las primeras veces que trabajamos desde la introspección, ya que topamos de frente con las emociones, con algo tan frágil y fuerte a la vez, y que no es medible ni podemos pesar o tocar.

Cierra los ojos y concéntrate en esa oscuridad que desde lo más profundo, poco a poco comienza a proyectar extrañas formas y colores. Aprovecha el silencio que te rodea para percibir el ritmo que marcan tus pensamientos, y que lentamente ayuda a ordenar el caos que tienes en tu cabeza. ¡No tengas prisa!, aprende también a disfrutar de este momento contigo mismo. Hacer un ejercicio de introspección también es como ponerse completamente desnudo frente a un espejo en medio de un enorme salón, te hace sentir inseguro, con miedo a que los demás vean lo que realmente eres. Deshecha esos miedos, porque dentro de ti, únicamente puedes entrar tú. Cerrando los ojos y dejando que el tiempo se desvanezca de forma sosegada, lograrás alcanzar el estado de relajación necesario para hacer introspección y discernir qué es lo que quieres realmente y qué es lo que te hace infeliz, lo que te impide evolucionar como ser individual que eres.

Recuerdo como desde muy pequeño me tumbaba en el sofá o en la cama, y colocaba las piernas en alto, apoyadas contra la pared mientras mi cabeza quedaba colgando con la mirada puesta en el techo. Poco a poco sentía como el techo pasaba a ser el suelo, y en él, brotaba una lámpara del revés, las puertas aparecían invertidas al igual que las ventanas y los muebles.  Aquel seguía siendo un mundo real, pero lo estaba viendo y viviendo desde otro punto de vista, ¡mi propio punto de vista! Luego fui creciendo, y aunque reconozco que eso de voltearme en la cama y ponerme del revés aún lo hago en puntuales ocasiones, ahora encuentro mi entorno ideal para la introspección en una solitaria sala, con el único sonido que el silencio me proporciona. Da igual dónde y cómo logres contactar contigo mismo, lo importante es que puedas hacerlo. En tu habitación, sentado bajo un árbol en mitad del campo o del parque, dando un paseo bajo la lluvia o por un sendero apartado del mundanal ruido, lo importante es que seas capaz de reconocer y trabajar sobre tu mejor vía para entrar en contacto contigo mismo. Dicho de un modo más visual, debes desconectarte de la red general para encender una vela que te alumbre con una tenue luz desde el fondo de la gruta.

Ahora que lo has logrado, ¿no me digas que no es placentero sentirse tan libre? Ya lo sé, libre pero completamente desnudo y eso te hace sentir indefenso. Recuerda que en ese estado, con la única luz de tu interior, nadie podrá verte como tú te ves, nadie será capaz de hurgar ni hacerte daño. Estás tú con alguien a quien no conoces y deseas conocer… a ti  mismo.

Ahora que nadie te escucha, hazte las siguientes preguntas:

  • ¿Verdaderamente soy una persona feliz?
  • ¿Mi día a día es gratificante o un simple cúmulo de monotonías?
  • ¿Soy feliz en mis relaciones con los demás?
  • ¿Mi vida de pareja es satisfactoria?
  • ¿Ojalá hubiera sido…?
  • ¿Me siento más o menos viejo que la edad que tengo?
  • ¿Qué estoy haciendo para cambiar aquello que no me gusta de mi vida?

 

No tengas miedo a hacerte esas preguntas, y sobre todo, no sientas temor a tus respuestas, ya que en ellas está la clave para localizar tu talento y convertirte en aquello que verdaderamente deseas ser.

Si la mayor parte de tus respuestas han sido un “no” o un “no lo tengo claro”, entonces ha llegado el momento para darle la vuelta a la tortilla. ¿Cómo?, localizando las posibles vías de solución, desde la calma y especialmente desde la reflexión.

¡Reflexionar no es dormir! Reflexionar consiste en todo lo contrario, en analizar la situación, localizar posibles soluciones e inmediatamente después, ponerlas en práctica. Quizá te equivoques las primeras ciento cincuenta veces, o quizá las cosas comiencen a cambiar desde el primer minuto… ¿Cómo saberlo si no lo intentas?

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