Blog

LA ORATORIA POLÍTICA NO PASA EL EXAMEN EN ESPAÑA

2018 © Juanca Romero Hasmen

Desde hace muchos años, estamos inmersos en un bochornoso y poco ejemplarizante nivel en lo referido a capacidad oratoria. España, y particularmente su estamento político, ocupa los últimos puestos en calidad dialéctica y comunicativa, y este es un estadio en el que no parece haber tendencias favorables. El suspenso es generalizado en la política española, y lo es a nivel municipal, regional, nacional e incluso trasciende a las fronteras estatales para sonrojarnos con suspensos también en la principal Cámara europea.

El 89,3% de nuestros políticos suspenderían hoy mismo la prueba de fuerza en su nivel de oratoria(*).

Los principales ejes a evaluar son los siguientes:

  • Oratoria escrita: discursos, artículos y opiniones en prensa escrita, etc.
  • Oratoria presencial: Actos en los que hay que dirigirse a un público (verbal, gestual…)
  • Oratoria digital: manejo y gestión de las Redes Sociales.

Por lo general, y salvando contadas y honrosas excepciones, el político español tiene un concepto referido a la oratoria, más próximo al verdulero gramatical, que al sentido práctico y sincero de la dialéctica. Expresándolo de otro modo, los políticos españoles serían buenos pregoneros de fiestas barriobajeras. Y es que aterrizar en un puesto de tal envergadura no lleva implícita la correcta oratoria, ni aparece mediante ciencia infusa la capacidad de comunicación perfectamente vertebrada.

Los principales males que adolecen en este terreno, son originados principalmente por los siguientes puntos negros o también llamados “Niveles Poff”:

  • Falta de cultura gramatical.
  • Carencia del hábito en la lectura.
  • Exceso/falta de confianza.
  • Soberbia desmedida.
  • Desconocimiento del tema referido.

Si nuestra curiosidad o capacidad ligada al morbo nos pide conocer el nombre de algunos oradores políticos en España, podemos citar ejemplos conocidos, dejando al margen en este particular asunto, el nombre de políticos más locales por no ser conocidos por la mayoría de lectores.

Mariano Rajoy

Como orador es ejemplo de marcadas y estigmatizadas carencias. Su don de palabra se muestra poco convincente, dubitativo e incluso cansino. Su oratoria gestual no es del todo incorrecta, aunque descuidando notablemente los gestos faciales y la retentiva de la mirada. En lo referido a la oratoria digital, simplemente apuntaría que tiene un aprobado raso, falto de un asesor en este campo.

Pedro Sánchez

Claro ejemplo de que la oratoria va más allá de recurrentes gestos de complicidad y cercanía. El buen orador sabe medir los tiempos y las emociones de lo expresado, y el señor Sánchez suspende con rotundidad esta asignatura. Nunca un examen oral de literatura bachiller, debe nivelarse con el status de la oratoria política de primer orden.

Albert Rivera

Quizá uno de los políticos que mejor utiliza la palabra para comunicar, o al menos sus niveles de plasticidad en la oratoria están mejor posicionado que la mayoría de sus compañeros políticos. Adolece de tener una buena base gestual, y su oratoria digital aún siendo la adecuada, necesita tener mejor definida la intencionalidad real del mensaje.

Pablo Iglesias

Excesiva arrogancia en la forma de apuntalar la oratoria, tanto a nivel presencial, como escrita y digital. El político no debe descuidar nunca la calidad de su oratoria, acompañándola de una adecuada higiene esquemática del mensaje, y también presencial.

Por no alargar este texto, me gustaría acabar con una frase que se viste sin paños calientes:

Los políticos españoles, y de forma generalizada,  adolecen de capacidad oratoria efectiva, lamentablemente en muchos casos, por carecer también del intelecto necesario para conocer el significado de la palabra oratoria.

(*) Sondeo realizado por ComunicaTe S.I. (diciembre, 2017)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *